jueves, 10 de noviembre de 2011


Despertaba                
al amanecer nocturno,
a la negrura transparente,
para definirse
en contradicción.

Todo despertar
era noche de mirar por la ventana
eludiendo estrellas.

Toda noche
era noche de mirar por la ventana
para ver más.

Y eludiendo estrellas
aprendió a rasgar las cortinas de las vida,
a  palpar  palabras que menguaban en luz,
y a disfrutar  del silencio de un bramido
hasta apagar la oscuridad.

Y mirando por ventanas,
aprendió a sostener el sol en la cintura,
a corregir la calidez de sus mejillas,
y a  caminar a bamboleos
hasta hacer de su ritmo una bella imprecisión.