Despertaba
al amanecer
nocturno,
a la negrura
transparente,
para definirse
en contradicción.
Todo despertar
era noche de
mirar por la ventana
eludiendo
estrellas.
Toda noche
era noche de
mirar por la ventana
para ver más.
Y eludiendo
estrellas
aprendió a rasgar
las cortinas de las vida,
a palpar
palabras que menguaban en luz,
y a
disfrutar del silencio de un bramido
hasta apagar la
oscuridad.
Y mirando por
ventanas,
aprendió a
sostener el sol en la cintura,
a corregir la
calidez de sus mejillas,
y a caminar a bamboleos
hasta hacer de su
ritmo una bella imprecisión.
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